Entre risas y cigarros, entre crevezas y meados, entre wishky y amigos, irrumpe sin previo aviso una botella de vino. De Bordeaux dice que es, y su etiqueta nos anuncia que se ha reservado (no sé si exclusivamente para nosotros) desde el 2004. Después de su degustación, y transcurrido un ratito, algunas voces se alzan, destacando sobre las demás, sólo para alabarlo: "a mí no me hacen regalos así; esto es mejor que un gramo de M; ¡ostia puta, qué vino!; si me dan a elegir entre tres botellas y un gran polvo...escojo el vino...bueno..., no sé, depende..." De este modo aceptamos que, sin duda alguna, es uno de los mejores zumos de uva que hemos probado. Entre risas y porros, entre ron añejo (ron-miel) y compadres, en la oscuridad "sepulclal" de la Sierra y dentro de una furgoneta, nos vamos dormir añorando al viejo amigo. Acaba y empieza un nuevo día; ¡que vino tan bueno!
jueves, 26 de agosto de 2010
Día II
Nos hemos levantado como siempre, con una resaca del copón. 9:30 de la mañana, Mesas ha pedido 15 minutos más, cómo no, y por poco llegamos tarde. Bruselas (la capital de Europa o el aula en donde se daban las ponencias) estaba llena y sin sillas. La primera charla había comenzado y nosotros arrastrando sillas de atrás para adelante, estos sin papeles, se escuchó que alguien decía detrás de una butaca, éramos los únicos no matriculados.
La tarde pasó entre conocidos, el principal: David. Primer día en el que será nuestro refugio. Cervezas, muchas cervezas, la sierra de Madrid de fondo y el pudridero de los reyes apestando que da miedo. Felipe II huele fatal. La noche tiene buena pinta y se aproxima suavemente.
Día I
Salimos tarde, llegamos tarde. Lo nunca visto, diez horas de Barcelona a Madrid. Ya casi al final del periplo se escucha la frase de la jornada: nunca pondréis una cita mía sobre este tema, dice después de limpiarse el culo, un desliz lo tiene cualquiera.
El remate escatológico del día no ha sido más que eso: un remate. Un remate antológico, eso sí. Contemplar cómo alguien, después de diez horas sentado, se eleva seis o siete centímetros para hacerle espacio entre sus nalgas a un pedacito de mierda no es algo que se vea todos los días.
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