Salimos tarde, llegamos tarde. Lo nunca visto, diez horas de Barcelona a Madrid. Ya casi al final del periplo se escucha la frase de la jornada: nunca pondréis una cita mía sobre este tema, dice después de limpiarse el culo, un desliz lo tiene cualquiera.
El remate escatológico del día no ha sido más que eso: un remate. Un remate antológico, eso sí. Contemplar cómo alguien, después de diez horas sentado, se eleva seis o siete centímetros para hacerle espacio entre sus nalgas a un pedacito de mierda no es algo que se vea todos los días.
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