Día IV
Resaca de tercer grado. Empieza a ser contraproducente, por las mañanas, encender un mechero en el interior de la furgoneta. El alcohol de nuestro aliento se condensa en las ventanas; para cuando se nos acabe el ron, siempre nos quedará la opción de lamer los cristales. No es culpa nuestra; los conferenciantes, los asistentes al curso e incluso uno de los camareros -el que nos regaló el vino- nos han adoptado como la mascota pobre a la que invitar a copas y ceder la habitación para que se dé una ducha. -A veces incluso nos acarician-.
Ayer escuchamos a Ana María Shua hablar sobre la muerte; a Rafael Gumuzio disertar sobre su abuelo -chileno de origen vasco y sangre gitana- y, ya por la tarde, a Manuel Vilas exponer su teoría sobre la estatura de hombres famosos desde la perspectiva de la iconografía simbólica del capitalismo trascendental.
Después, de nuevo a la terraza del bar del hotel, a beber hasta que se vacía de gente, momento en el que nos planteamos la posibilidad, finalmente descartada, de colocar todas las sillas como si fuesen las butacas de un cine.
-Mientras Albert y Rafa reíamos descoyuntándonos la mandíbula y Raúl, con parsimonioso andar de recién meado, volvía a través de una terraza vacía y su voz tañía palabras ajaponesadas regadas en alcohol ("silencio sepulclal"), se dibujó en la noche un grito de insomne molestia: "callaos, que duelmo y mañana tengo confelencia" F.I.-.
Así que nos fuimos hacia la furgoneta con el último cubata en la mano y la intención de dormir, pero escuchamos lo que parecía ser la música de un concierto y hacia allá tiramos. Desgraciadamente no era un
concierto. La música -Janis Joplin- venía de lo que parecía ser un bar sin entrada. Encaramados a la valla, le preguntamos a tres tipos que disertaban sobre Esperanza Aguirre si aquello era un bar pero, al parecer, era una casa.
No nos quedó más remedio que volver a la furgoneta y echar la última en el bar de siempre, en el que ejercemos de gerente, camareros y clientes habituales.
Mañana vienen Garzón y Savater, cada uno a un curso distinto, ¿algún policía o guardaespaldas se dará cuenta de la pinta de etarras que tenemos?
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