miércoles, 8 de septiembre de 2010

Día V I

Savater y Garzón en el mismo sitio no son una buena idea, tampoco lo son tres tipos en una furgoneta con pinta de etarra, sobre todo si esta tiene los vidrios tintados y una ikurriña colgando de la ventana. Tal vez por eso y sólo por eso, por la noche recibimos la amistosa visita de los Geos, unos tiernos señores vestidos de camuflaje y con las armas desenfundadas. Llamaron a la puerta con algunas patadas ligeras, cabe decir, y con palabras dulces nos hicieron levantar. Nada más. Un abrazo y hasta luego. Claro que a la mañana siguiente nos fue casi imposible acceder al salón donde Savater hablaba. Todo estaba lleno de seguratas y de guardias civiles, todos ellos amabilísimos.

Andrés Neuman fue el siguiente. Al acudir a Bélgica, el aula subterránea donde suceden las conferencias, pasamos por el lavabo: cara, manos, dientes. Casi llegamos tarde, Raúl y Rafa se dispusieron a la escucha. Albert jamás llegó, preocupados por la ausencia, es el que tiene más cara de etarra, Raúl fue en su búsqueda, el buen señor dormía a pierna suelta con la puerta de la furgoneta abierta. Ahora toca a Iban Zaldua, el vasco detective estelar.


 

Última noche, noche de Circus. Fuimos a la discoteca del pueblo con todos. Buena gente. Y de nuevo borrachera tremenda, comienza a ser demasiado corriente. Fin de la noche sorpresivo, hemos hecho una cosa extraordinaria, y todo está grabado. 

 

Después de tomar el desayuno de los campeones.   

 

Durante treinta minutos intentamos cerrar la puerta de la furgoneta, primero uno, después los otros. Todo trabajo infructuoso, al final dormimos sin poderlo hacer. Una de las teorías indica que los Geos (fuerzas especiales de la policía) nos la torcieron, aunque hay otra mucho más factible que plantea el sabotaje por parte de los ninja del jefe: F.I.

 

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