Día VII
Nos levantamos casi a la una, haciendo caso omiso al plan previsto la noche anterior: “pongamos el despertador a primera hora”. Por suerte, los talleres mecánicos del Escorial no cierran hasta las dos, así que pudimos reparar con rapidez y profesionalidad
(cuatro martillazos bien dados) el problema de la puerta lateral.
Después de despedirnos de los ponentes, camareros y participantes nos encaminamos con gran ilusión hacia Cádiz. Es evidente que, por desgracia, no hemos podido asistir a las conferencias de clausura pero, en fin, todo tiene su precio…
El plan inicial es llegar hasta Sevilla y hacer noche allí, pero, cosas del destino, a las primeras de cambio aparece la temida caravana. Recalculamos ruta y decidimos ir hasta Badajoz con la esperanza de encontrar refugio y calor en alguna fiesta mayor furtiva. Error. Algún iluminado recalcula la ruta con más interés y observa que ir a Badajoz no
hace falta, que es un estúpido rodeo sin sentido alguno. Una vez más, apenas pasamos más de una hora viajando, Raúl se siente como en casa.

Total, con tanto follón escogemos dejar las cosas a la improvisación: seguimos hasta que se ponga el sol o hasta que el conductor se canse. La furgoneta parece ir a más, de Madrid a Sevilla hemos conseguido perpetrar dos adelantamientos: un tráiler lleno de ladrillos y un camión cisterna. Justo después de rebasar al segundo, se nos jode la quinta y tenemos que seguir en cuarta. De momento no nos ha adelantado ninguna bicicleta.
La desgracia no hace mella en nosotros -aventureros bárbaros- y sus efectos terribles se transforman en una motivación extra: ahora ya no nos contentamos con Sevilla, ahora haremos noche en un área de servicio en la mismísima autopista que nos llevará al deseado Sur. Con una velocidad de crucero de 70 km/h, a unos escasos 100 km del destino y tras diez horas interminables de travesía, nos detenemos. La estación de servicio parece tranquila y muy acogedora.
La cena es la de siempre; la innovación de hoy es un selecto vinito peleón del LIDL. El cuento de buenas noches es el visionado del vídeo no autorizado hecho por algún judío (tenemos a un traidor a bordo) ayer –o hoy- mientras intentábamos cerrar el puto portón lateral.
El besito de mamá se sustituye por un cigarrillo de la risa; un amable joven madrileño nos lo acaba de ofrecer, será cosa de la empatía; él, al igual que nosotros, también ha sufrido una odisea de Madrid a Cádiz.
Mañana pensaremos qué hacer con la furgoneta, pero pase lo pase, esto no es el fin; el gran guerrero jamás se rinde, muere en el campo de batalla.
Buenas noches. Besos.
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